Saltar al contenido
StartupsPor Itnig Startup Ecosystem

Cuatro o cinco momentos que definirán tu producto

Cuatro o cinco momentos, eso es todo lo que se necesita. Para ser un héroe. Todo el mundo piensa que es un trabajo a tiempo completo. Despertarte como un héroe. Cepillarte los dientes como un héroe. Ir a trabajar como un héroe. No es cierto. A lo largo de una vida, solo hay cuatro o cinco momentos que realmente importan. — Colossus, Deadpool Me encanta esa cita, tanto…

Cuatro o cinco momentos, eso es todo lo que se necesita. Para ser un héroe. Todo el mundo piensa que es un trabajo a tiempo completo. Despertarte como un héroe. Cepillarte los dientes como un héroe. Ir a trabajar como un héroe. No es cierto. A lo largo de una vida, solo hay cuatro o cinco momentos que realmente importan.
— Colossus, Deadpool

Me encanta esa cita, tanto que voy a empezar este post con ella. Tú, como todos, quizás pienses “yo no soy de los que juzgan tan rápido a alguien. Sopeso lo bueno y lo malo.” — pero así no funcionan los humanos.

Los grandes grupos de personas tienden a juzgar rápido. Como grupo llegamos a conclusiones en un abrir y cerrar de ojos sin tener en cuenta todos los factores, sin la menor duda. Piensa en Twelve Angry Men. Piensa en Steve Bartman. Lo hacemos con las personas, y lo hacemos con nuestras herramientas, objetos inanimados e inocentes.


Y si crees que tú eres diferente, piensa si esto te ha pasado antes: “Perdona, ¡quería decir far no fat! Maldito autocorrector”.

Una vez más, el software de tu teléfono te ha dejado en ridículo al predecir mal la palabra que querías escribir. ¡Qué traición! Y sin embargo, después de corregir correctamente miles de palabras, ese error es en el que nos fijamos, el que recordamos.

Cuando eso te pasa en tu día a día con cosas que están bajo tu control, tienes dos opciones: quejarte o arreglarlas. Pero por alguna razón veo a más gente “odiando” que haciendo algo para cambiar lo que está roto — aunque en realidad no esté roto, solo roto según sus propios estándares.

Personalmente, ni siquiera miro el teclado cuando escribo en el móvil, confío en que cualquier letra mal tecleada se arreglará como por magia cuando mire el mensaje. Y funciona casi siempre. Así que en realidad es una función increíble. Pero un par de momentos en los que falla por completo bastan para que consideremos que el autocorrector es una basura.

Cuatro o cinco momentos son todo lo que se necesita para percibir una herramienta buena, genial o increíble como una porquería.


Hace menos de diez años la mayoría de los móviles solo tenían doce teclas para escribir. Móviles, no smartphones, porque esa palabra todavía no se había inventado. Y escribíamos. A menudo. Y rápido. Era increíble el simple hecho de poder enviar un mensaje a alguien. Que no tuvieras que llamarle a casa. Antes teníamos que llamar a algún lugar, no a alguien.

Pero ahora no tienes cobertura en tu restaurante favorito y todo es una mierda.

Nos malacostumbramos muy rápido.

El mes pasado volé de San Francisco a Dublín en once horas. Vuelo directo. Algo inimaginable hace solo cincuenta años. Pero si mi vuelo se hubiera retrasado treinta minutos, eso habría sido inaceptable. Si podías permitirte navegar hacia América desde Europa en el pasado, tardabas semanas. En barco. Y desembarcabas en la costa este. Añade el trayecto en tren hacia el oeste y luego llama “doloroso” a tu trayecto LA–NYC. Un solo momento marca y define toda la experiencia. Solemos decidir centrarnos más en los malos que en los buenos.

Porque, ¡oye! Mi smartphone — un ordenador cien veces más potente que los que usábamos para enviar personas a la luna — me acaba de hacer parecer estúpido porque no pudo predecir correctamente la palabra que estaba pensando.


Lo confieso, a menudo tengo esa sensación. Aunque yo construyo interfaces, a veces me encuentro decepcionado por la tecnología porque no hace lo que quiero que haga. Pero tengo la suerte de trabajar en una industria donde la gente inventa nuevas tecnologías, y yo ayudo a arreglar esos pequeños errores. Trabajando en las sombras. Mejorando las cosas para los distraídos. Todo para que puedas pedir tu venti caramel Frappuccino, con nata, mientras revisas tus tareas del día mientras recibes una foto adorable de tu madre con su Dachshund disfrazado de cowboy y una notificación de que tu próxima reunión se ha cancelado.

¿Cuál es el ángulo? ¿Dónde está el beneficio en todo esto? Cuando algo es malo, intentamos mejorarlo. Mientras alguien siga experimentando momentos de mierda en las herramientas que usa, tendremos caminos para mejorar y seguiremos empujando hacia delante lo que la tecnología puede hacer por nosotros.

Los pesimistas verán malas experiencias. Los optimistas verán oportunidades.

Artículos relacionados

Startups

Duolingo se presenta para cotizar a Bolsa

Duolingo, la startup de aprendizaje de idiomas utilizada por 500 millones de personas en todo el mundo para aprender español, inglés, francés y más, ha presentado oficialmente su S-1 para salir a bolsa. Cofundada por Luis von Ahn, el inventor de CAPTCHA y reCAPTCHA, Duolingo ofrece 95 cursos en 40 idiomas distintos, desde los más…

Leer más