Sobre el compromiso
Vista de la isla de Mallorca temprano por la mañana, tras largas horas de navegación nocturna. El otro día un amigo defendía por qué nunca aceptaría dinero de un inversor para montar una empresa. Eso le haría responsable y se sentiría estresado al tener que rendir cuentas a ese futuro accionista, especialmente cuando las cosas van mal…

Vista de la isla de Mallorca temprano por la mañana, tras largas horas de navegación nocturna
El otro día un amigo defendía por qué nunca aceptaría dinero de un inversor para montar una empresa. Eso le haría responsable y se sentiría estresado al tener que rendir cuentas a ese futuro accionista, especialmente cuando las cosas van mal. Estaba mejor siendo “libre”, haciendo siempre “lo que realmente quiere” y “sin tener que responder a nadie” por sus actos.
Por desgracia, esa es una idea muy extendida que impide constantemente que se desarrollen iniciativas aún más grandes. Para mí eso es el miedo al compromiso.
Los humanos funcionamos mejor colaborando juntos, compartiendo y compensando fortalezas y debilidades. Para hacerlo, construimos relaciones basadas en la confianza, la honestidad y el respeto. Esa ha sido siempre la relación que he intentado construir con mis accionistas. He compartido con ellos las oportunidades y también las incertidumbres y el riesgo. Los que quisieron y las entendieron correctamente, decidieron unirse a mí, comprometer algo de dinero y apostar por lo mejor.
Sin embargo,
- Nunca he renunciado a mi libertad por eso. Es más bien lo contrario, en muchos aspectos gracias a mis accionistas puedo hacer exactamente lo que quiero y disfrutarlo al máximo.
- Nunca prometí resultados, en cambio hice un plan y prometí luchar por él con todo mi esfuerzo y corazón, y sigo haciéndolo.
- Nunca dije que siempre estaría trabajando en un proyecto, formalmente firmé por 24 meses cada vez. Si sigo haciendo lo mismo es porque sigue apasionándome, y sigue siendo, considerándolo todo, mi mayor oportunidad.
- Cuando las cosas no han salido como estaba previsto, he sido directo y lo he compartido con mis socios, junto con mis nuevas ideas y las acciones a emprender. No es nada que ninguno de nosotros no supiera que podía pasar.
Así que sigo comprometiéndome todo el tiempo y me encanta hacerlo. Me comprometo con mis empleados, mis accionistas, mis clientes, mis proveedores… pero también con mi pareja, mi familia y mis amigos. ¿Qué tiene de malo comprometerse? Los compromisos no son una carga, sino la consecuencia tangible de nuestras propias decisiones.
Más allá de nuestras palabras, es nuestro compromiso y nuestra acción consecuente lo que realmente define quiénes somos y cómo seremos recordados.


