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StartupsPor Itnig Startup Ecosystem

Seis cosas que deberías hacer antes de construir tu producto

Productos, servicios, negocios de reparto, mayoristas o de reventa, software as a service, modelos basados en suscripción — todos los modelos de negocio tienen algo en común: giran en torno a un mercado que demanda algo, y ese mercado está compuesto de personas. Lo que significa que, sea lo que sea que ofrezcas, para que tenga éxito necesita encajar bien con lo que la gente quiere y lo que espera. Más allá de simplemente cubrir las necesidades básicas de tu cliente…

Productos, servicios, negocios de reparto, mayoristas o de reventa, software as a service, modelos basados en suscripción — todos los modelos de negocio tienen algo en común: giran en torno a un mercado que demanda algo, y ese mercado está compuesto de personas. Lo que significa que, sea lo que sea que ofrezcas, para que tenga éxito necesita encajar bien con lo que la gente quiere y lo que espera. Más allá de simplemente cubrir las necesidades básicas de tu cliente, necesita satisfacerlas y, en el mejor de los casos, superar sus expectativas.

El poder y las desventajas de las opiniones

Las opiniones son importantes, nos ayudan a movernos por la vida. Especialmente cuando tienes una visión. Tu opinión impulsa el cambio, puede disrumpir mercados y motivar a las personas. Estas opiniones son válidas y necesarias, pero pueden interponerse en el camino del aprendizaje y la mejora.

Para un innovador es fácil quedar enredado en su propio sesgo. Es la naturaleza humana. Las startups son especialmente propensas a dejarse llevar por su propia burbuja de entusiasmo. La historia está llena de empresas fracasadas que no vieron venir lo que las mató. Guiadas por opiniones, ignoraron sin miedo todos los indicadores que les hablaban de la realidad, hasta que fue demasiado tarde. Siempre que un negocio ha fracasado en una economía, ha tenido que ver con una opinión. Inversores, stakeholders, founders y CEO’s, todos tienen opiniones y todos toman decisiones basadas en lo que sentían que era correcto.

Las opiniones fueron las brújulas que guiaron barcos hacia puertos seguros o hacia icebergs ocultos. Aun así, tener la sensación de que estás haciendo lo correcto puede ser terriblemente engañoso si te falta la información necesaria para tomar una buena decisión. ¿Cómo salir de esta burbuja?

Lo que necesitas son decisiones mejor informadas. Aquí tienes algunos puntos que te ayudarán a tomar mejores decisiones:

1. No empieces con una idea

Ya lo has oído antes: “Cualquiera puede tener una idea.” Cierto — pero ¿no depende de cómo la ejecutes? ¿O del equipo y de un gran masterplan con las funcionalidades planificadas? En realidad hay más: una buena idea demuestra ser una gran idea una vez que la gente empieza a usar tu producto o servicio. Y eso tarda en llegar.

Empieza con algo más grande que la idea. Empieza con un concepto. No es un plan de qué hacer y cuándo, o qué funcionalidad construir primero, sino un marco de una idea. Un concepto incluye respuestas a preguntas importantes. No está todo escrito en piedra y ciertamente no debería ser rígido, pero debería representar tu visión. Y esa visión debería recoger cosas como un mercado core y margen de expansión, una audiencia core y una razón para comprar y una razón para usar tu producto — una y otra vez.

Solo si tus clientes están construyendo una relación duradera con tu producto o servicio, querrán volver. No desaparecen después de una venta inicial.

¿Cómo sabes si la gente quiere usar tu producto, antes incluso de tenerlo en el mercado?

2. Pregúntate honestamente para quién lo estás haciendo

La primera y más importante pregunta que necesitas responder es para quién estás construyendo tu producto o servicio. Quizás descubriste un elemento que faltaba en un mercado maduro para la disrupción. O tuviste una idea que llena perfectamente un nicho en un mercado saturado. En cualquier caso (y en cualquier otro), necesitas considerar cuidadosamente quién va a usar tu producto. Inevitablemente esto lleva a la pregunta de quiénes son esas personas y qué motiva sus propios patrones de decisión.

Los clientes no son solo consumidores, son personas como tú y como yo. Personas con sus propias circunstancias vitales, su contexto y el entorno social que las rodea. Estas personas tienen un sistema de valores basado en la confianza y las buenas experiencias. Buscan amigos, tanto en las personas como en los productos. Así que deberías preguntarte: ¿es mi producto, mi servicio, realmente un buen amigo de las personas a las que va dirigido? ¿O solo se trata de ganar dinero?

3. Trabaja en superar tu propio sesgo

¿Qué están pensando esas personas? ¿Qué pasa por su cabeza? ¿Qué esperan? Siéntate con personas que representen bien a tus futuros clientes (no tu hermana ni tu novio). Deja que usen un producto o servicio de la competencia y observa cómo lo hacen. Habla con ellas, pregúntales sobre su experiencia.

Analiza los productos de tu competencia buscando fortalezas y debilidades. Averigua cómo esas debilidades o fortalezas se corresponden con el comportamiento de las personas. Colócalas en un mapa lineal del customer journey. Estás buscando las razones por las que a la gente le gusta o no le gusta usar estos productos o servicios.

Trata de reunir toda la información posible, pero fíltrala constantemente y busca patrones y clústeres de indicadores sobre lo que está pasando en la cabeza de la gente.

Llegaste a tu opinión sobre un tema por alguna razón. No salió de la nada. Así que formaste una hipótesis sobre una situación o necesidad y ahora necesitas confirmar que es cierta. Encuentra y recopila evidencia que demuestre ese potencial. Las herramientas que tienes son Internet, las redes sociales, formularios de encuesta con incentivos, entrevistas y user journeys en persona — básicamente todo lo que te ayude a encontrar respuestas genuinas.

No te limites a preguntar a la gente qué piensa de tu idea. Y, aún más crucial: no le preguntes a la gente qué querría. Esto forzaría a la gente a pensar en términos abstractos de innovador y disruptor. Tener una visión es tu trabajo, no el suyo. En cambio, pregúntales qué les falta. Pregúntales cómo se sienten usando algo que ya conocen. Pregúntales qué cambiarían, si algo, para mejorarlo. Pregúntales qué cualidades buscan en un producto o servicio relacionado con lo que estás a punto de construir.

Es mucho trabajo, pero no tienes que hacerlo todo tú solo:

4. Contrata a un especialista de producto (UX) junto con los desarrolladores

Primero, aclaremos una cosa: UX no es una idea de último momento, un proceso que aplicas después de haber construido tu producto. Ese sería el peor de los resultados posibles, porque significa que estás tomando decisiones de diseño de experiencia sin tener información en la que basarlas. Estarías construyendo un producto basado en suposiciones en lugar de en conocimiento.

Seamos justos: UX no es un proceso lineal, completamente definido y predefinido. Hay muchos modelos que circulan sobre lo que debería abarcar el UX. En su mejor forma, el UX te ayudará a definir y construir el producto. El UX no empieza probando algo que ya has construido, empieza con tu concepto y una serie de ideas que quieres ver confirmadas.

La hipótesis y la validación de la hipótesis son el conjunto de herramientas más importante que tienes. Un buen consultor de UX o diseñador de producto debería empezar mirando tu concepto, las posibles funciones, y debería buscar evidencia en el mercado de que esas funcionalidades son un status quo esperado o tienen margen de mejora. Deberían mirar a la competencia, los patrones de comportamiento de los usuarios, también los caminos ya establecidos, para averiguar qué está pasando y por qué la gente hace lo que hace. Una vez descubras qué impulsa a la gente a hacer algo, tienes más posibilidades de redefinirlo como una funcionalidad bien implementada.

Necesitas a alguien con experiencia en Design Thinking y UX a bordo para ayudarte a planificar las funcionalidades de tu producto. Deberías considerarlos como developers y dejar que formen parte del equipo que definirá el producto. Traer a una persona de UX desde el principio guiará a tu equipo para encontrar las preguntas adecuadas para las respuestas que buscas, para evaluar mejor la importancia de las funcionalidades planificadas, antes de invertir tiempo en construirlas.

5. Construye en pequeño, luego testea, expande a un territorio más grande, itera y repite el proceso

Una vez tengas un conjunto de hipótesis que quieras comprobar, empieza construyendo el conjunto más pequeño posible de algo que haga justo lo que necesita hacer. Esto no es un producto completo y no debería percibirse como tal. Debería consistir solo en los elementos necesarios para que un usuario pueda completar una tarea y conseguir lo que quiere hacer.

Para probar una hipótesis, puedes usar una baraja de cartas. O puede ser una fila de notas adhesivas con pasos en una pizarra blanca. Puede ser un conjunto de acciones en un formulario con radio buttons o checkboxes. Puede ser un conjunto interactivo de wireframes. Lo importante aquí es que estás probando el flujo, no una imagen estática. Lo que no debería ser es una interfaz de usuario de alta resolución. Cualquier cosa que te ayude a contar la historia y guiar a un usuario a través del recorrido para completar una tarea es buena y útil. Así que si necesitas el color rojo para indicar un estado, usa rojo. Pero si no necesitas el rojo, no lo uses.

A partir de ahí puedes evolucionar los resultados hacia tu producto mínimo viable — un término que se ha estirado tanto que se usa para justificar la supuesta necesidad de productos completamente construidos a los que solo les faltan funcionalidades “nice to have”. No debería ser el producto más mínimo con el que puedas salir del paso. Piénsalo como las funcionalidades core combinadas, determinadas en relevancia por las razones que descubriste sobre por qué la gente usaría tu producto en primer lugar.

Por ejemplo, si estás construyendo una app de reserva de vuelos y descubriste que hay algo que la gente realmente quiere y que nadie ofrece, construye primero esa funcionalidad y haz que la gente la use, luego pasa a construir todo lo demás alrededor.

6. Prepárate para aceptar cambios extremos

Aquí viene otra posible trampa: es muy fácil volver a caer en tu propio modo de sesgo, pensando que lo que tú quieres, o lo que crees que es mejor, es en realidad lo mejor para el producto. Es tan fácil porque eres inteligente y ya has aprendido bastante sobre tu producto y su mercado. Lo que no puedes saber es aquello que aún no está en tu cabeza.

Te vas a encontrar con cosas que no anticipaste. Tu visión de lo que es importante y lo que no puede ir cambiando de equilibrio. De repente, una funcionalidad que creías esencial resulta estar fuera del radar de tu público objetivo. Puede volverse irrelevante, o puede pasar lo contrario, pasar de ser algo pequeño a convertirse en una funcionalidad potente. En cualquier caso, tienes que prepararte para grandes cambios.

En retrospectiva, después de haber lanzado y vendido un producto con éxito durante un periodo de tiempo, puede que pienses que muchas de las decisiones de tu equipo eran obvias. Y pensarás, quizás, qué tonto fuiste por no haber visto el camino que iba a tomar. Pero eso solo se ve así en retrospectiva. En realidad, no podrías haber tomado esas decisiones sin influencia externa, para llegar a donde estás ahora.

Admitir ideas equivocadas es casi tan difícil como admitir errores. Pero darte cuenta de que lo que creías importante no lo es, y decir “no”, dejando atrás esas queridas funcionalidades — esto es probablemente el elemento clave que decidirá el éxito o el fracaso de tu proyecto. Sé valiente y deja cosas fuera. Di más “no” que “sí” a las funcionalidades que quieres, y céntrate en lo que la gente te ha mostrado que le importa. Luego haz esas cosas, pero de una forma inesperadamente genial.

Eso es lo que ha hecho que todos los grandes productos que se han creado sean un éxito rotundo.

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